Fría, triste, marginalizante y aterradora verdad la del título. La profirió Samir Khader, el productor senior de la cadena Al Jazeera en 2004. Cuando ocurre una guerra de forma regular, las víctimas cuentan, pero casi siempre se impone la voz de los vencedores. Hoy a las 6:00 a.m. dieron por HBO, un documental que, lo confieso, solo hasta hoy vi completo. Se trata de Control Room (2004), dirigido por Jehane Noujaim con “guión” de Julia Bacha. El documental muestra cómo los periodistas de las principales cadenas noticiosas de Estados Unidos (Fox, CNN, NBC…) doblegaron sus principios, la mayoría de ellos, para estar en una ‘zona de confort’ y transmitir al mundo solo una verdad: la de E.U.
Por otra parte, el documental refleja el otro punto de vista, satanizado mil veces, del mundo árabe y, en especial, de la cadena Al Jazeera. Queda la impresión de que los medios estadounidenses no solo “contaron”, sino que participaron en ciertos actos supremamente expresivos en el show mediático como la toma de la plaza donde estaba la estatua de Sadam Hussein; o de cómo sesgaron la información para complacer a sus huéspedes del Comando Central en Irak.
A los periodistas que no estaban en el CentCom (Comando Central de la Coalisión) no les garantizaban la vida. Allí tenían oficina cada una de estas cadenas; pero a Al Jazeera, el primer canal del mundo árabe que se atrevió a ser independiente de los gobiernos de la región, los Marines simplemente los tenían estigmatizados como espías y no les validaban su condición de reporteros. De hecho, uno de los instantes más conmovedores es la muerte de Tarek, uno de los camarógrafos que resultó muerto por un bombardeo, todavía inexplicable, a la sede del canal. Es también determinante la participación del teniente Josh Rushing, el DirCom del Comando, quien siempre miraba de reojo y se incomodaba con los periodistas de la cadena árabe. No obstante, Rushing logra torcerle medianamente el cuello al cisne cuando reconoce que una noche -al ver las imágenes de iraquíes heridos, sangrantes- no se conmovió como cuando vio a sus soldados en las mismas condiciones; eso lo habría puesto a pensar sobre el dolor.
Creo que este trabajo es una pieza clave para la enseñanza del periodismo, para conocer las lógicas de producción en situaciones extremas, los intereses; y para explorar las dimensiones éticas del “oficio más hermoso del mundo”.
Preguntas al aire: ¿Hasta qué punto es válido el involucramiento de un periodista en el conflicto armado? ¿Es válido ponerse la camiseta de un país o de una fuerza en el cubrimiento de una guerra? ¿Cuál sería el papel del periodista contemporáneo en un conflicto? ¿Qué enseñanzas deja esto para el cubrimiento del conflicto en países como Colombia?








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