Relatos breves para una Cartagena extensa (III): Las tres Cartagenas

23 07 2006

A Cartagena si le cabe ese lugar común de que es una ciudad de ciudades. Pero aquí tiene que ver con las ciudades invisibles. Hay tres claras ciudades. La primera es la amurallada, la construida para la defensa de los tesoros que se enviaban a España; espectacular en su gran mayoría de las calles con arquitectura española de influencia mozárabe en las que a sus habitantes les resulta más cerca relacionarse y comunicarse a través de los balcones de los segundos pisos; cada casa del sector cercano al hotel Santa Clara o al Claustro de Santo Domingo puede alcanzar valores aproximados de un millón de dólares. Es la ciudad que la mayoría de visitantes va a ver, especialmente los extranjeros; esta Cartagena aparece en algunos itinerarios de los cruceros, pero sin contexto suficiente porque decir que esta ciudad está en Colombia es “demasiado peligroso”… Para los planes de mercadeo. La segunda ciudad es la de las playas y su epicentro está en el sector de Bocagrande y El Laguito. Es la ciudad preferida por los que van en busca de piel bronceada, rumba. Y hasta prostitución donde, aunque no se puede estigmatizar, ya se reconoce al viejo edificio ‘Conquistador’ como el punto de encuentro de ‘la oferta y la demanda’. En esta segunda ciudad duermen, cuando duermen, muchos de los que van a conocer la ciudad amurallada.

Pero hay una tercera ciudad que es más alucinante y es en la que vive la mayoría de las personas que trabajan formalmente, muy duro, en las otras dos ciudades; también están los que informalmente someten a los turistas de las otras ciudades a una presión desproporcionada con la venta de “la gafa, la gafa”, las trenzas rastas, el paseo guiado, la réplica de la gorda de Botero, las manillas, las cocadas, los cubiertos de carey, las fotos, el paseo ‘en banana’, la moto acuática, el masaje con aceite de coco, las serenatas no solicitadas en la Plaza de Santo Domingo…Esta tercera Cartagena vive en situaciones realmente complejas. Se estima que el 70 por ciento de sus habitantes vive en los estratos socioeconómicos 1, 2 y 3, entre los cuales, el 43% ‘hace aguas’ en la indigencia con menos de un dólar diario. Allí, las celebradas, pero controladas humedades que en la ciudad amurallada resulta chic mantenerlas porque dan una apariencia de inmueble antiquísimo, en la tercera Cartagena, la de barrios como Nelson Mandela, Henequén y Mis Cojones, son síntomas de que esa noche no saben si amanecerán con techo; se come pescado casi todos los días, pero no porque se haga dieta y las carnes blancas “hagan menos daño que las rojas”, sino porque no hay otra opción. El día que no hay pescado, quizá no hay comida. A esta tercera Cartagena le ha sido prohibido el ingreso a la amurallada en ciertas ocasiones, como cuando “por razones de seguridad”, el recinto ha sido clausurado para celebrar alguna cumbre internacional sobre la pobreza o cuando vino George W. Bush y no se le permitió el ingreso a los vendedores ambulantes.

Esta tercera Cartagena no es vista por los medios de comunicación porque por allí no hace ejercicio Salvo Basile ni por allí camina la provinciana aristocracia local de nuestro jet-set bananero; esta otra Cartagena se abre paso a las malas desde la época en que el Marqués de Valdehoyos traficaba con la tercera Cartagena, y todavía no ha logrado los espacios que merece. Esta tercera Cartagena parecería que solo conmueve a los que por allí transitamos, aunque sepamos de su existencia tanto como de las otras dos ciudades desde hace algunos años. Ayer visité la plaza de mercado de Bazurto. Me advertían los amigos cartageneros que no debí ir para allá, que los olores de la venta de pescado me harían evocar mis nauseas… “Deje así”. Fui. Sí, es una plaza con problemas de salubridad como casi cualquier otra del país, donde no hay como refrigerar el pescado, pero todo el que allí se consigue es fresco siempre. Reconozco que me miraban raro, de forma intimidatoria en algunos casos y con señales que hacían de una esquina a otra como advirtiendo mi paso, a lo que cual simplemente caminaba como viejo errante de esa plaza y cambiaba de dirección. Los olores no me marearon como suponían los amigos que no quisieron acompañarme, pero me sorprendió la convivencia íntima y compleja con un brazo de la ciénaga que por allí pasa, absolutamente contaminada. A esa ciénaga se le soporta, se le odia y se le trata como cloaca.

No me cabe duda de que a los medios de comunicación en Colombia parece favorecerles ignorar la tercera Cartagena. A RCN le interesan las dos primeras, sobre todo la segunda, la de Bocagrande, porque el Reinado Nacional de Cartagena (donde se elige la Señorita Colombia) es transmitido, año tras año, por este canal que adquirió los derechos como si se tratara, a propósito de esta ocasión, de un virreinato en la ‘vieja’ Nueva Granada. Y al resto de medios les parece más vendedor narrar las crónicas rosas de los personajes curtidos en las páginas sociales y deleitarse con los comentarios frívolos de Poncho Rentería y sus amigas, las dueñas de todos los French Poodle que huelen a Chanel en Colombia y a los que les gastan las fortunas que nunca verán los de la tercera Cartagena. En conclusión, esas dos glamurosas Cartagenas son las que tiene el 90 por ciento de la población colombiana en la cabeza, gracias a los medios. Si va a cartagena vaya con otros ojos, más de viajero que de turista.

Preguntas al aire: ¿Qué imagen tiene usted de Cartagena? ¿Según los medios de comunicación hay alguna otra ciudad que valga la pena visitar en Colombia?


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4 responses

23 07 2006
Mauricio Duque Arrubla

Un cantante cubano, Carlos varela, habla de Tropicollage. Ese turimo qu ehace el turita común que va a Varadero, se toma un Daikirí en la Bodeguita y compra artesanías cera del puerto. Invita a conocer la Habana de la gente que no está en el turismo, la de la gente que se rebusca, la de los habaneros que son como los cartageneros de Bazurto aunque allá en cuba no se ve la miseria de acá (se ve otra cosa diferente) Buena esa de invitarnos a la tercera Cartagena, la de los Champetúos

23 07 2006
Carolina -Sin enie-

Hola Victor!

Estos relatos sobre nuestra Cartagena estan deliciosos de leer. Hay algo que debo confesar: soy un numero mas en las estadisticas de aquellos quienes cada vez que visitamos a Cartagena, nos tomamos cuanta foto en las dos primeras ciudades que describes y sin duda alguna la gran mayoria de nuestras ciudades estan compuestas por mas de una microciudad. Ojala te pases otro buen ratico por alla y nos sigas contando mas de estos relatos tan ricos de leer.

Un abrazo.

24 07 2006
Víctor Solano

Hola Mauricio: Ya regresé a Bogotá y mw quedó faltando todavía conocer el 90 por ciento de Cartagena, como el bario Nariño para ver de cerca la cultura de la champeta que me llama tanto la atención, auqnue la vi vibrar en Nuquí, Chocó. Gracias por tu visita.

24 07 2006
Víctor Solano

Hola Carolina sin enie: Me alegra que a una periodista de tu calidad le hayan gustado mis microrrelatos. Por ahora ya termina esta serie, que aunque sé que no tienen la calidad de otras plumas (o de “otras teclas” en estos tiempos) si me entretuvieron. Un abrazo.

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